El reportero David Beriain, asesinado en Burkina Fasso

Sabia perfectamente que se la jugaba en cada uno de sus arriesgados reportajes por el mundo. Y tanto se la ha jugado el periodista David Beriain que este lunes, 26 de abril, perdió lo más preciado: la vida. El reportero navarro estaba rodando un documental sobre la caza furtiva en una zona especialmente peligrosa Burkina Fasso, por ser campo de operaciones de terroristas, cazadores furtivos y bandidos. Y este lunes el grupo en el que viajaba fue atacado por unos desconocidos armados, que también han asesinado a Roberto Fraile, el operador de cámara vasco que trabajaba con Beriain, y a Rory Young, director de la Fundación Chengeta Wildlife, que se encarga de misiones de protección de Espacios Naturales y comunidades humanas..

Con el asesinato del reportero David Beriain, el periodismo pierde a uno de los mejores y más brillantes reporteros de primera línea, autor de grandes reportajes que han llegado a estar calificados entre los mejores del mundo y que, en España, se han emitido con gran éxito en empresas audiovisuales de la categoría de Discovery y Movistar+.

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra en 1999, David Beriain Amatriain (Artajona, 1977) se especializó desde muy joven en conflictos armados, violencia y periodismo de inmersión. Esta arriesgada ‘especialización’ le permitió mostrar la cruda realidad de los conflictos bélicos en zonas tan peligrosas como Afganistán, Darfur, Colombia, Congo y Libia.

Toda su experiencia profesional le sirvió para crear en 2012, junto con otros colegas, la productora de documentales 93 metros. ‘Palomares. Días de playa y plutonio’, ‘El Palmar de Troya’ y ‘Clandestino’ son algunas de las más brillantes trabajos que ha realizado esta empresa, y que se han visto por todo el mundo.

«En 93 Metros pensamos que la información es algo más que un producto. Creemos en el poder de las historias y en el respeto a sus protagonistas. Pensamos que esas historias están en todas partes y que todas merecen ser contadas con delicadeza, entrega y rigor. En medio de la guerra de Afganistán o a la vuelta de la esquina. Nos dejamos la piel en todos los terrenos para capturar la vida en toda su intensidad»

PRESENTACIÓN DE LA PRODUCTORA 93 METROS

‘Clandestino’, ‘El ejército perdido de la CIA’, ‘La vida en llamas’, ‘Amazonas Clandestino’ y ‘Yasuní, genocidio en la selva’ son algunos de los trabajos más destacados de Beriain, quien también ha ejercido como productor ejecutivo en series documentales como ‘Estrecho’ y ‘El Palmar de Troya’.

Precisamente Movistar+ está emitiendo actualmente el último trabajo de su productora, ‘Palomares…’, Pero no era el único proyecto. Tal como acaba de adelantar la plataforma española, el reportero David Beriain estaba trabajando en ‘Espías’, serie documental que mostrará el mundo del espionaje internacional «de una manera nunca antes vista en televisión».

«Creador referente en nuestro país con una mirada propia, periodista excepcional que vivía para encontrar el ángulo perfecto de los proyectos, para encontrar un personaje, un lugar, una historia con la que seducir, con la que trabajar. Un periodista de firme compromiso con su profesión, con la búsqueda de la verdad y con las víctimas de situaciones dolorosas a las que dio voz en sus reportajes y documentales».

MOVISTAR+

En 2009, Beriain fue galardonado con el premio de periodismo digital José Manuel Porquet por su reportaje ‘Diez días con las FARC’. Y en 2019 fue nominado al premio RealScreen Awards (los más prestigiosos del mundo en documentales de actualidad) por su trabajo ‘El negocio del secuestro en Venezuela’.


Confesión de un sicario en ‘Clandestino’

Con motivo del estreno de su serie documental ‘Clandestino’ en el canal DMax, en noviembre de 2018, tuve la oportunidad de entrevistar a Berian para ‘El Periódico de Catalunya’. De la conversación recupero sus reflexiones sobre su trabajo, tan apasionante como peligroso.

El reportero David Beriain

 «En ‘Clandestino’ no juzgamos, mostramos y explicamos»

-Debe ser muy difícil infiltrarse en esos mundos tan cerrados. No me gusta que se defina lo que hacemos con el término infiltrado, porque da la sensación de ir a escondidas, y siempre en todo lo que hago intento evitar la cámara oculta. Es una norma: nunca voy con cartas ocultas ante quien quiero filmar, Por eso, prefiero hablar de  inmersión. Es importante el matiz, ya que no busco hacer periodismo a través del engaño. Todos lo que aparecen en mis trabajos saben que no utilizo cámara oculta. Tratamos de entrar en esos mundo y mostrar con la mayor claridad posible cómo son y explicarlo sin tapujos. No tengo nada en contra de quien utiliza la cámara oculta, pero a mí me parece que es un engaño.

-Bien, pues entonces, ¿es difícil lograr esa inmersión? No es nada fácil entrar en estos mundos. Estos reportajes tienen un inmenso  trabajo que no se ve, que es precisamente el contactar con esas personas y esos submundo. Es una labor inmensa que hacen nuestros productores locales, que son lo que están más cerca de esos universos. Pero el periodo de ‘inmersión’ es lo peor de este trabajo. Recuerdo que en Colombia estuvimos encerrados tres meses esperando que llegara un contacto para infiltrarnos en un cartel de la droga. No salió aquello, pero sí otros temas igualmente interesantes.

¿Y cual es el secreto para conseguirlo? Que exista una confianza. También tiene mucho que ver la honestidad con la que trabajas. No es que haya un código ético con el que quieres filmar, sino más bien un acuerdo en que aseguras que se mantendrá su identidad en el anonimato. Y no es tanto porque tú te juegues la vida si no lo cumples, sino porque estás poniendo en peligro a quien ha conseguido que tú estés entrevistando a una persona peligrosa a la que has asegurado no descubrir. Vienen a decirte: «Esto no es un juego, y mataré a quien te ha traído a mí».

-Quizás no haya un código ético con esas personas, pero parece que usted sí tiene unas normas muy estrictas de trabajo. Tengo tres reglas: no mentir nunca a quien se filma, somos honestos. No robamos planos, es decir, nadie que no quiera será grabado. Y por último que todos los que participan en el proceso de elaboración del reportaje  deben ser capaces de visionarlo junto a los protagonistas que han filmado. Es una demostración de que no has sido injusto en el trato. Cumplir estas reglas nos ha permitido volver a sitios en los que ya habíamos estado con más facilidad. Insisto, no juzgamos a nadie e intentamos hacer nuestro trabajo con la mayor honestidad.

-Pero esta honestidad con delincuentes puede llevarle a ser testigo de actos criminales. Sí, puede darse el caso de que seamos testigos de un crimen, pero nunca tenemos conocimiento previo de qué pasará. Y solo contamos en la medida de lo que hemos podido ver. No tendría ningún problema en explicar a la policía lo que se ve en mis reportajes, pero no facilitaré paraderos o identidades de los que aparecen. Y esto lo hago para preservar la esencia de nuestro oficio. ¿Tengo que pagar las consecuencias? Pues me atendré a ellas. De todas maneras he de decir que  hemos trabajado en países con situaciones políticas y sociales muy difíciles, pero curiosamente es donde hemos encontrado un mayor respeto hacia el trabajo de la prensa.

¿Cuáles han sido los momentos más peliagudos en esta entrega de ‘Clandestino’? Hemos vivido  momentos muy impactantes y difíciles de grabar,  que me hubiera gustado no haber vivido nunca. Fuimos testigos de cómo un grupo de secuestradores en Venezuela raptó a una persona y cómo telefoneaban a la familia para pedir el rescate. Fue terrible. Y resulta que algunos de secuestradores son policías venezolanos en activo. Lo hacen para sobrevivir, ya que cobran alrededor de un euro al mes… Insisto, no juzgamos, mostramos y explicamos.

-¿Quizás también su éxito esté en que es un programa muy poco habitual? Existen muchos profesionales que hacen lo que yo hago, y algunos son muy buenos. Pero he tenido la suerte de que una gran empresa de televisión ha creído en mí trabajo e invierte en mi trabajo. Apuesta por mis planteamientos y encima me da total libertad de trabajo, y eso es muy difícil de encontrar. Y lo sé porque lo he vivido.

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